|
Nos acostumbramos a vivir en apartamentos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y por que no se tiene vista, nos acostumbramos a no mirar para afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas; y porque no abrimos del todo las cortinas, nos acostumbramos a encender mas temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, el aire, olvidamos la amplitud.. Nos acostumbramos a vivir sobresaltados porque se nos hizo tarde, a tomarnos el café corriendo porque estamos atrasados; A no hablar con nadie en la mañana, a comer un sándwich porque no da tiempo para almorzar, a salir del trabajo ya de noche, a dormirnos en el metro porque estamos cansados, a cenar rápido y a dormir pesados sin haber vivido el día. Nos acostumbramos a pensar que las personas cercanas a nosotros estarán siempre alli y a creer que están bien, sin preocuparnos por averiguarlo. Nos acostumbramos a ahorrar vida, que de a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados nos perdimos de vivir. Existe un dicho: La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja. El tiempo no se puede atrapar, mucho menos almacenar; nuestra existencia transcurre a gran velocidad, pero mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de cambiar nuestros hábitos, de tener una mejor calidad de existencia, de aprovechar y disfrutar cada respiro, cada latido de nuestro corazón. No transformemos nuestra vida en una rutina inútil que nos haga infelices. Dios pone a nuestra disposición todos los elementos para ser seres felices, satisfechos y agradecidos por ese gran don que es la vida, que con tanto amor nos ha sido otorgado. La vida no hay que ahorrarla, hay que vivirla plenamente. |