Esta disciplina reconoce que las personas utilizan en el ámbito inconsciente distintos sentidos y elementos para comunicarse o procesar la información, que van más allá del lenguaje convencional.
La Programación Neurolingüística surge gracias a las investigaciones de dos jóvenes estadounidenses: Richard Bandler y John Grinder, quienes querían indagar por qué los tratamientos de los tres terapeutas de gran éxito dentro de Estados Unidos: Virginia Satir, Eric Erickson y Fritz Perls) alcanzaban mayor eficacia que el de sus colegas.
Después de sus largas investigaciones, apoyándose en la observación sistemática, llegaron a la conclusión de que el procedimiento que empleaban con excelente resultado era la utilización de un patrón de comunicación muy particular.
Basándose en los datos obtenidos, Bandler y Grinder elaboraron el sistema que hoy día es utilizado como sistema genérico de aprendizaje o como terapia: Programación Neurolinüística.
A través de este sistema se logra resultados eficaces, tales como automotivarse y motivar, perder los miedos, generar confianza en uno mismo, relaciones interpersonales armónicas, relaciones sexuales placenteras, dejar malos hábitos o vicios, y hasta curar algunas enfermedades.
Para comprender su proceso, se puede imaginar a una persona introduciendo datos en su computadora (cerebro), el cual procesa, almacena y actualiza cuando las circunstancias lo requieren.
Esos datos son las experiencias sensoriales y son procesados y almacenados. Una vez que se debe decidir sobre cómo actuar ante determinada situación, los datos se actualizan y se antepone entre ellos el que privará la decisión que será tomada.
La PNL parte de una experiencia sensorial específica almacenada en el cerebro. Lo importante para trabajar con ella es conocer la estructura y las condiciones en las que se procesó y almacenó la mencionada experiencia.
Una práctica muy sana que se aconseja a los gerentes es que hurguen en su consciente cuando necesiten tomar una decisión. Quienes no lo han hecho pueden empezar a practicar con las situaciones más triviales para irse adecuando a esta dinámica.
Así, conviene preguntarse ante cada reto, proyecto o decisión, ¿qué quiere? ¿Cómo sabrá lo que ha logrado? ¿Cómo lo sabrá la otra persona? ¿Qué pasará cuando lo haya conseguido? ¿Qué es lo que le impide conseguirlo? ¿Para cuándo lo quiere? y ¿Qué podría perder obteniéndolo?, y otras.
Se sugiere aceptar sólo las respuestas formuladas positivamente sobre la base del contexto en el que se desarrollen las interrogantes como, por ejemplo, "debo conseguir el contrato para ascender", en lugar de "debo conseguir el contrato para evitar problemas".
También se aconseja preferir las respuestas expresadas en términos concretos, como "necesito un asistente" en lugar de "me siento explotado porque no tengo ayuda extra".
Asimismo, es una práctica sana definir objetivos a corto, mediano y largo plazos, y coordinarlos en el tiempo, así como definirlos, proyectando al futuro nuevas etapas a desarrollar.
Visto en: El Universal